DÍA MUNDIAL CONTRA EL ICTUS

Las mujeres tienen una más alta tasa de mortalidad por ictus que los hombres. Seis de cada diez ictus se dan en mujeres, en buena medida debido a que ocurren a una edad más avanzada en su caso, cuando los ictus presentan un mayor peligro. Muchos de los principales factores de riesgo de ictus se dan con más frecuencia en mujeres o son específicos de las mujeres. En consecuencia, una de cada cinco mujeres corre el riesgo de sufrir un ictus, frente a uno de cada seis hombres. Asimismo, en el grupo de población de las mujeres de más de 85 años se da el índice más alto de episodios de ictus. Algunos factores de riesgo, como la diabetes, las migrañas con aura, la fibrilación auricular, la depresión y la hipertensión, se dan con más frecuencia en mujeres. Muchos otros factores de riesgo son específicos de las mujeres, como el embarazo, la preeclampsia, el uso de anticonceptivos orales (especialmente en el caso de mujeres con una alta presión sanguínea), los cambios hormonales, los tratamientos hormonales sustitutorios posteriores a la menopausia y la diabetes gestacional.

Las mujeres tienden a sufrir efectos peores que los hombres después de un ictus. Las mujeres presentan un declive más severo de la función cognitiva, una más alta probabilidad de internamiento y un más alto riesgo de depresión como resultado de un ictus. Las mujeres que han sufrido un ictus reciben cuidados comparativamente peores en relación con los hombres y, en todo caso, insatisfactorios para sus necesidades sanitarias. Las mujeres tienden a recibir tratamientos de menor calidad que los hombres, pese a responder igual de positivamente.

Algunos subtipos de ictus, como la trombosis venosa cerebral y la hemorragia subaracnoidea, son mucho más frecuentes en mujeres. La carga de los cuidados recae predominantemente en las mujeres, lo que constituye un factor importante en la relación entre las mujeres y el ictus. Estudios de investigación demuestran que la salud mental de las mujeres cuidadoras de esposos que han sufrido un trauma tal como un ictus se ve afectada como resultado de su actividad como cuidadoras, a menudo bajo la forma de depresión. Además, las mujeres que padecen depresión corren mayor riesgo de sufrir un ictus.

Ictus isquémico

Representa alrededor del 87 por ciento de los casos. Los ictus isquémicos se producen como resultado de una obstrucción de un vaso sanguíneo que irriga el cerebro. La disfunción subyacente para este tipo de obstrucción es el desarrollo de depósitos grasos a lo largo de las paredes de los vasos sanguíneos. Esta disfunción se denomina arteriosclerosis. Estos depósitos grasos pueden causar dos tipos de obstrucción: La trombosis cerebral consiste en el desarrollo de un trombo (coágulo de sangre) en la parte obstruida del vaso sanguíneo. El embolismo cerebral se produce generalmente a partir de un coágulo de sangre que se forma en otra ubicación del sistema circulatorio, normalmente en el corazón o en las grandes arterias del tórax superior o del cuello. Una porción del coágulo de sangre se desprende, entra en el flujo sanguíneo y se desplaza a través de los vasos sanguíneos del cerebro hasta que alcanza un vaso sanguíneo demasiado fino que no permite su paso. Una segunda causa importante del embolismo es un ritmo cardiaco irregular conocido como fibrilación auricular. Esta disfunción provoca coágulos en el corazón que pueden desprenderse y desplazarse hasta el cerebro.

Ictus hemorrágico

Representa alrededor del 13 por ciento de los casos de ictus. Es el resultado de un vaso sanguíneo débil que se quiebra y cuya sangre inunda la zona cerebral circundante. La sangre se acumula y ejerce presión sobre el tejido cerebral afectado. Existen dos tipos de ictus hemorrágicos: la hemorragia intracerebral y la hemorragia subaracnoidea. Son dos los tipos de vasos sanguíneos débiles que generalmente causan el ictus hemorrágico: los aneurismas y las malformaciones arteriovenosas (MAV). Un aneurisma es la inflamación en forma de globo de una región debilitada de un vaso sanguíneo. Si no se trata, el aneurisma continua debilitándose hasta que se fractura y causa una hemorragia cerebral. Una malformación arteriovenosa (MAV) es un grupo de vasos sanguíneos formado de forma anormal. Cualquiera de estos vasos sanguíneos puede romperse, causando también una hemorragia cerebral.

Aprenda a prevenir un ictus

Seis pasos que cualquiera puede tomar para reducir el riesgo de un ictus y minimizar sus efectos:

1. Conozca sus factores de riesgo personales: presión sanguínea alta, diabetes y colesterol alto.

2. Sea activo físicamente y practique ejercicio con regularidad.

3. Siga una dieta saludable rica en frutas y verduras y baja en sal para mantener un buen estado de salud y una baja presión sanguínea.

4. Limita el consumo de alcohol.

5. Evite el tabaco. Si fuma, busque ayuda para dejar de fumar lo antes posible.

6. Aprenda a reconocer los síntomas de un ictus.

Tomado de: https://bit.ly/2EDhkZc